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12 - EN EL NOMBRE DEL PAN

  • Autor: PROF. MARINO NIOLA

La Tríada mediterránea, incluso si viene de muy lejos, llega hasta nuestros días, modificada por el cristianismo. Cuando el sur de Europa y la cuenca del Mediterráneo se convierte a la religión cristiana, los elementos fundamentales de la Tríada mediterránea se mantienen, solo que el cristianismo hace una remodelación: no los abandona, no abandona los viejos mitos, simplemente los cambia de signo y los transforma en historias cristianas. No los abandona porque esos mitos funcionan muy bien, tienen mucho agarre en el imaginario colectivo de la gente, así que en lugar de recrear una mitología e historias completamente nuevas que no se sabe que aceptación habrían tenido, el cristianismo retoma los antiguos mitos y los readapta a sus enseñanzas. Así que los elementos básicos de la Tríada mediterránea, el trigo, el aceite y el vino, se convierten en elementos cristianos, en cierto sentido ellos también son bautizados.
El pan, por ejemplo, ya vinculado a la precedente deidad pre-cristiana, está indisolublemente ligado a la figura de Cristo. No hay que olvidar que Cristo nace en Belén, que en hebreo antiguo significa "la ciudad del pan", famosa precisamente por la excelencia de sus panaderos. Muy a menudo en sus Evangelios, Cristo define "el pan de vida" y, así, es un alimento espiritual: no es casual que en el ritual de la última cena Cristo rompa su cuerpo y lo distribuya en forma de pan, hay una transformación de sustancias por la que su cuerpo se convierte en pan y su sangre se convierte en vino. Los elementos anteriores han sido, por lo tanto, completamente recuperados pero con un nuevo significado. Desde entonces, el pan se convierte en el elemento de la comunidad, el factor real de la vida en común de los hombres. De la palabra "pan", de hecho, viene la palabra "compañero", "cum panis": los compañeros son los que comparten el pan. Esto hace del pan el emblema de la sociedad humana que, para poder vivir, necesita del intercambio y de la cooperación, así que el pan se convierte en un gran símbolo de solidaridad.
En estrecha relación con el pan hay otro elemento: la levadura. La levadura en el antiguo mundo griego estaba bajo la protección de Dioniso, el dios de la fermentación (fermentos del vino), en el mundo cristiano se convierte en un regalo de la Virgen. Una historia cuenta que la Virgen niña va a la escuela y allí la Sibila, símbolo de la sabiduría antigua del mundo pagano, está enseñando. La Virgen ve que la Sibila hace un pan delicioso, hinchado, fragante, mientras que el pan que hace su madre Santa Ana no es muy bueno. La Virgen, entonces, intenta entender el secreto de la excelencia de este pan y ve que la Sibila, cada vez que amasa, pone una pelotita en la masa. María entiende que ese es el secreto y un día, aprovechando la distracción de la maestra, roba una pelotita, se la pone bajo la axila, corre a casa , se la da a Santa Ana y le explica con todo detalle lo que ha visto hacer a Sibila. Desde ese día, el pan de Santa Ana, el pan de los cristianos, está muy bueno; la Virgen ha hurtado por una buena causa: roba algo a la Sibila y se lo da a los hombres, se lo da a los cristianos, cristianizando de esta manera todos los ceremoniales y el significado del pan. También el vino sufre la misma transformación y de ser el néctar de Dioniso pasa a ser la sangre de Cristo, que vierte y ofrece en sacrificio su cuerpo en forma de pan y vino.


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